Por tanto, es el amor misericordioso de Dios el que une firmemente, hoy como ayer, a la Iglesia y hace de la humanidad una sola familia; el amor divino, que mediante Jesús crucificado y resucitado nos perdona los pecados y nos renueva interiormente(Regina Ceali, 19.04.09).
El Papa Benedicto XVI comenzó su pontificado con la Encíclica Deus caritas est (Dios es amor, 2005), que nos habla sobre el misterio de Dios que se nos ha revelado a través del amor. La misericordia de Dios que caracteriza a la relación de Dios para con el hombre no es sólo un signo de la presencia de Dios en el mundo contemporáneo y del destino de las personas, sino que también es un amplio ámbito de entendimiento entre los hombres.
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El tema de la misericordia de Dios, que siempre ha sido importante en la teología católica, se convierte en el centro de la espiritualidad cristiana después de la canonización de santa Sor Faustina Kowalska, de la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de Pascua (2002), y después de la consagración del mundo a la Divina Misericordia por el Papa Juan Pablo II, el 17 de agosto de 2002 en Cracovia.
El Papa Benedicto XVI, al desarrollar el pensamiento del Papa Juan Pablo II en su Encíclica Dives in Misericordia (“Dios rico en misericordia”, 1981), trazó el programa de su pontificado, en su encíclica sobre el Dios que es Amor, Deus caritas est. De esta forma entró en el mismo centro de la fe revelada y tocó los problemas existenciales de los cristianos de nuestros tiempos.
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La reflexión de Benedicto XVI sobre el amor de Dios toca nuevos aspectos del concepto de fe, que son el resultado del contacto entre la experiencia de la fe revelada en el Antiguo Testamento con el pensamiento griego. Mientras que Juan Pablo II, al hablar del Dios de la misericordia, que se revela plenamente en Cristo, se refirió a los conceptos semíticos del amor, Benedicto XVI centra su atención en el pensamiento helénico que en cierto momento del desarrollo de la fe se ha convertido en una herramienta para expresarla.
En su encíclica Deus caritas est, el Papa Benedicto XVI nos recuerda que el hombre, desde su creación, ha tratado definir quién es Dios de diversas maneras. Los filósofos griegos buscaron la causa primera de las cosas, o los principios que rigen el mundo. Reflexionaron sobre la belleza, la armonía de las formas y los pensamientos. Los sabios del Lejano Oriente, de India, China y Japón, hablaban sobre la fuerza que impregna todo el cosmos.
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| T.WARCZAK |
El Papa Benedicto XVI hace hincapié en que la fe cristiana lleva al hombre hacia Dios, que es amor (1 Jn 4, 16), y afirma que los cristianos son personas que "han conocido y han creído en el amor que Dios tiene por nosotros" (1 Jn 4, 16). El conocimiento de Dios, que se revela como el Amor, va más allá del conocimiento intelectual y la experiencia estética. En cambio, presupone la relación personal entre Dios y el hombre, en la que el amor humano es la respuesta al don del amor de Dios.
Dios, que se nos ha revelado por medio de Jesucristo, no es una idea abstracta, no es tampoco una idea o una verdad, sino el amor mismo. Los discípulos de Cristo escuchaban con atención las palabras del Maestro, grabando en su corazón cada palabra y cada frase. Parece que san Juan, que era el discípulo amado, fue quien más y mejor supo transmitir el misterio del Padre, que Jesucristo reveló al mundo. Él escribió en su primera carta: "Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él" (1 Jn 4, 16). En esta afirmación encontramos la verdad sobre quién es Dios y quién es el hombre