Juan Pablo II



La verdad sobre la misericordia de Dios, que constituye el nucleo central del pontificado de Juan Pablo II, apareció con sus enseñanzas ya en el inicio de su pontificado, con su Encíclica Dives in Misericordia ("Dios rico en misericordia", 1981). Este documento pontificio, después de la Encíclica Redemptor Hominis (“Redentor del hombre", 1978) y junto a la Dominum et vivificantem (“Señor y dador de vida", 1983) forman parte de la gran trilogía dogmática, en la que el Papa habla a la gente de hoy en día acerca del Dios que se revela al hombre como la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. La misericordia es la clave para entender el misterio de Dios y del hombre. Es el atributo que caracteriza a Dios, que se revela al hombre en la historia de la salvación. Es el tema principal de la enseñanza de Cristo, y se nos muestra plenamente en el misterio de la salvación, en su Muerte y Resurrección. La misericordia es también una oportunidad particular para el hombre, ya que gracias a ella puede experimentar la cercanía de un Dios que es misericordioso.

foto.T.WARCZAK-0010.jpg
foto.T.WARCZAK-0010.jpg


Durante la solemnidad de la beatificación de Sor Faustina Kowalska, en el Segundo Domingo de Pascua, el 18 de abril 1993 en Roma, Juan Pablo II subrayó que el misterio de la Divina Misericordia, que Dios ha recordado al mundo a través de una humilde monja polaca, es una llamada profética para el mundo. Para el conjunto de la humanidad, exhausta tras tan terribles guerras, el mensaje de la misericordia se convirtió en un signo de esperanza, que nos muestra la presencia de Dios, que nos colma de amor y da al hombre la posibilidad de renacer espiritualmente.

La canonización de sor Faustina Kowalska, el 30 de abril del 2000 en Roma tuvo un significado especial, puesto que por este acto el Papa Juan Pablo II trasmitió el mensaje de la misericordia al mundo entero, convirtiéndolo en un puente que une el segundo milenio del cristianismo con los tiempos nuevos del tercer milenio. Reiteró al mismo tiempo que la misericordia de Dios es una extraordinaria oportunidad para el renacimiento de toda la humanidad: "La humanidad no conocerá la paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia" (Diario, 699). El mensaje de la Misericordia permite hacer una nueva lectura del Evangelio de la misericordia de Dios, a la luz del cual la persona no sólo experimenta misericordia al recibirla de Dios, sino que se ve capaz de compartirla con los demás (DM 14).

foto.T.WARCZAK-0052.jpg
foto.T.WARCZAK-0052.jpg


Juan Pablo II proclamó el segundo domingo de Pascua como el "Domingo de la Misericordia", enfatizando que la misericordia es una oportunidad para "conocer cada vez mejor el verdadero rostro de Dios y el verdadero rostro de los hermanos."(Homilía de la canonización, 5). El mensaje de la misericordia recuerda al mundo también la importancia de la dignidad humana y el valor de cada ser humano por quien Cristo entregó su propia vida.

Durante la canonización de santa Faustina Kowalska, Juan Pablo II insistió en que este mensaje de la misericordia, que ha sido predicado constantemente por la Iglesia y confirmado por las revelaciones de santa Sor Faustina, se convierte hoy en parte de la vivencia del hombre perdido en medio las diversas corrientes del pensamiento y de las ideologías del cambio de siglo. En el misterio de la Divina Misericordia, el cristiano encuentra el verdadero rostro de Dios, que es un Dios cercano al hombre, y encuentra también el verdadero rostro del hombre que precisa de la misericordia y que está dispuesto a ejercerla para con el prójimo. El Santo Padre volvió a este pensamiento en diversas ocasiones, en particular cada vez que polemizaba con la "teología de la muerte de Dios", o también cuando indicaba los errores de los totalitarismos modernos que tratan de eliminar a Dios de la historia humana.

Cuando llevó a cabo la consagración de la Basílica de la Divina Misericordia en Cracovia, Juan Pablo II, una vez más, hizo hincapié en que el mundo moderno necesita la misericordia de Dios y planteó a la Iglesia la tarea de acercar al mundo el misterio de la Divina Misericordia: Por eso – dijo en aquella ocasión - hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús: de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (cf. Diario, 1732, ed. it., p. 568). Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero (Santuario de la Misericordia Divina, Cracovia, sábado 17 de agosto de 2002). 
 
foto.T.WARCZAK
foto.T.WARCZAK

 
El tema de la Divina Misericordia apareció en el magisterio de Juan Pablo II nuevamente con la carta apostólica Novo millennio ineunte, publicada a principios del tercer milenio del cristianismo (06/01/2001), al referirse a la neceisdad de “imaginar formas de misericordia". El Papa escribió sobre el deber de imaginar la misericordia en el contexto de la unificación de Europa. Este problema se convirtió en el objeto de estudio del Sínodo de los Obispos en octubre de 1999, que era la preparación para el Gran Jubileo del Año 2000. El fruto de los debates del Sínodo fue la Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa (28.VI.2003). Este tema parece sugerir algunos hilos de pensamiento, que abarcan todo el magisterio del Santo Padre, cuya piedra angular es la verdad acerca de la misericordia de Dios.

El hecho de abordar el tema de la Divina Misericordia en las enseñanzas de Juan Pablo II exige plantearse el problema del misterio de Dios que se revela en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, y que es, en su misma esencia, misericordioso. El Papa da una interpretación muy original de Dios, como Alguien que se revela como Padre de Misericordia  en toda la historia de la salvación. El misterio de la misericordia, permite al hombre comprenderse a sí mismo y darse cuenta de su propia vocación. Al mismo tiempo, este misterio le hace darse cuenta  de que precisa de la misericordia constantemente y también se da cuenta de que es capaz de ejercer la misericordia al prójimo. Tales supuestos del Papa Juan Pablo II dirigen nuestra atención hacia el misterio de Dios que revela su misericordia en el Antiguo Testamento, y hacia Cristo, que es la plenitud de la revelación de la misericordia del Padre en el Nuevo Testamento, así como los modos de ejercer la misericordia por parte de los discípulos de Cristo.



© by II Światowy Kongres Bożego Miłosierdzia
Projekt i wykonanie: Projektowanie stron WWW - Art'impression / NetSoftware