El misterio de la misericordia de Dios es una de las verdades más fundamentales de la fe que Dios reveló al hombre en el Antiguo y Nuevo Testamento. La Sagrada Escritura subraya que todo el mundo nos revela a Dios que habita en una luz inaccesible (1 Timoteo 6, 16) y también habla a las personas a través del universo, mediante su orden y armonía. Es Dios mismo quien manifiesta su poder y sus atributos invisibles, haciéndolos visibles para que los podamos ver a través de sus obras (cf. Rm 1,20). Dios uno y Trino revela al hombre todos sus misterios, dejando que el hombre le conozca por el amor. Sus atributos invisibles se hacen visibles en Cristo, por sus obras y palabras, y de un modo definitivo se dieron a conocer al mundo a través de su Muerte y Resurrección.
En la historia del mundo, en las vidas de los personajes bíblicos y en la historia del Pueblo Elegido, Dios iba revelando su amor misericordioso, que no sólo alza al hombre después de caer en pecado, sino que también pone remedio a cualquier debilidad y deficiencia humanas, y con ello le da la existencia. La Misericordia se manifiesta en cada acto externo de Dios: tanto en lo que se refiere al acto creador como al acto salvífico. Todo lo que Dios hace para el hombre, es expresión de su amor misericordioso.
La Misericordia en el Antiguo Testamento
El concepto de "misericordia" aparecía en el Antiguo Testamento cada vez que el Pueblo Elegido se concienciaba de su infidelidad hacia Dios. Para describir la extraordinariamente rica realidad de la misericordia de Dios, los autores inspirados utilizaban muchos términos, cada uno de los cuales destaca un aspecto diferente de este gran misterio del amor de Dios para con el hombre. La Misericordia aparece siempre en el contexto de la alianza que Dios hizo con su pueblo. La primera vez que Dios reveló su misericordia fue en el momento cuando los israelitas pasaron por el desierto. Dios, al aparecerse a Moisés en la zarza ardiente, reveló su nombre diciendo: Yo soy el que soy (Éxodo 3,14). En el siguiente encuentro que Dios tuvo con Moisés, le reveló su nombre: Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por mil generaciones y perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado (Éxodo 34,6). Esta revelación de Dios se convirtió en la base de la relación del Pueblo Elegido con su Creador y Salvador.
A través de los siglos, cuando Israel se percataba de su infidelidad hacia Dios, los profetas se referían a la misericordia: así, el rey Salomón oró implorando la misericordia para su pueblo durante la dedicación del templo (Cf. 1 Reyes 8, 22-53), el profeta Miqueas invocó suplicando la misericordia para pedir perdón a Dios (Cf. Mi 7,18-20), el profeta Isaías mostró al pueblo la misericordia como fuente de consolación (Cf. Is 1,18; 51,4-16). En las enseñanzas de los profetas, la misericordia significa un Amor que es más grande que el pecado y la infidelidad del Pueblo Elegido.
El fundamento de la fe de los israelitas en la misericordia fue siempre la primera revelación en el Sinaí, cuando Dios se apareció a Moisés como un Dios "misericordioso y clemente, tardo a la cólera, rico en amor y fidelidad " (Éxodo 34,6). El Papa Juan Pablo II, en su Encíclica Dives in Misericordia hace hincapié en que la revelación del Antiguo Testamento revela la riqueza del amor misericordioso de Dios en el contexto de la alianza con el Pueblo Elegido. Este amor incluye "la gracia y la fidelidad" (en hebreo hesed) de Dios, quien habiendo pronunciado una palabra dada, nunca se echa atrás. El segundo significado de este amor es la ternura que muestra el amor de una madre (rahamim en hebreo), que incluye la capacidad de perdonar, la paciencia, la ternura y la comprensión. Otro significado del amor revelado en el Sinaí es una disposición generosa, llena de bondad y misericordia (en hebreo Hanan). Otro sentido del amor revelado también en el Monte Sinaí es la misericordia y la compasión (en hebreo Hamal) con la que Dios se inclina hacia el pecador.
El profeta Oseas expresó la verdad sobre el amor de Dios hacia el hombre de un modo muy profundo, al declarar el amor de Dios hacia el infiel Efraín:
¿Cómo voy a entregarte, Efraín, cómo voy a soltarte, Israel? ¿Voy a entregarte como a Admá, y tratarte como a Seboín? Mi corazón se convulsiona dentro de mí, y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas. No daré curso al furor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque soy Dios, no hombre; el Santo en medio de ti, y no vendré con ira (Oseas 11:8).
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La Misericordia en el Nuevo Testamento
En elNuevoTestamento, la misericordiade Dios, se nos ha revelado del modo máspleno posible a través de laactividaden la Tierra del HijodelDios, Jesucristo, especialmente a través de su Muertey Resurrección. Jesucristoesla Misericordiaencarnada, a través de su Encarnación, vida, milagros y con sus enseñanzas, pero sobre todo, a través de su Pasión, Muertey Resurrección, hizo que el misteriode la Misericordiade Dios quedará iluminado con todo su esplendor.
Jesús reveló la verdad sobre la Misericordia de Dios del modo más pleno posible a través de sus actitudes y enseñanzas. Predicaba la misericordia mostrando compasión a los enfermos y a los hambrientos (Lc 4,18).
Jesús mostraba su misericordia también a los pecadores y a las personas rechazadas por causa de la lepra (Mt 8, 1-4; Jn 8, 1-11). Cristo, de modo extraordinariamente claro, nos muestra la Misericordia en las parábolas, por ejemplo en relación con la parábola de la oveja perdida (Cf. Lc 15, 1-7), la parábola de la dracma perdida (Lc 15, 8-10),
el hijo pródigo(Lc 15,11-32) y elBuen Samaritano(Lc 10,30-37.) Nos reveló plenamenteel amordel Padrea la humanidad, al aceptar la cruzymorir porlospecadosdelmundo. En su Muerte y Resurrección nos mostró que elpoderdel amoresmás fuerteque la muerte. El amormisericordiosodeDiossehace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la « condición humana » histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral
(DM3). El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo.
(DM 7).
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